SirenoBlues escribe: Libro centroamericano de los muertos de Balam Rodrigo
En últimos meses de este 2018 me dediqué a leer algunos de los recientes ganadores del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes. Entre la lista están:
- 2012: Acapulco Golden, de Jeremías Marquines.
- 2013: Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, de Jorge Humberto Chávez.
- 2014: Me llamo Hokusai, de Christian Peña.
- 2015: Teoría de las pérdidas, de Jesús Ramón Ibarra.
En mi escasa, pero muy eficiente, lectura de las últimas ediciones del premio (cabe mencionar que me faltan Las maneras del agua (2016), de Minerva Margarita Villarreal y Fábulas e historias de estrategas (2017), de Renato Tinajero) me he llevado grandes impresiones, como el excelente libro de Christian Peña, agregado a mi lista de libros de poesía preferidos. De igual forma, Acapulco Golden de Manriques me hizo experimentar otro plano estructural de la poesía (libro que me obsequió el poeta Luis Armenta Malpica en la edición bilingüe de Mantis Editores).
Convoco, pues, a estos autores por que hoy comparto mi experiencia de lectura con el reciente Aguascalientes 2018: El libro centroamericano de los muertos de Balam Robrigo. De la misma manera, mencionaré la reseña de Jeremías Manriques que hace a su hermano de premio; artículo títuado: Libro centroamericano de los muertos, humilde lección de poesía publicado en Bajo Palabra.

Los límites de la poesía son, por lugar común, como la profundidad del mar: tan honda que es difícil imaginar su límite. Sin embargo, quizá el mar lo tenga. Ya desde el siglo XX se han entregado libros de poesía menos líricos y más narrativos. Pero, no solo en el pasado inmediato, si pensamos que El cantar del Mio Cid es sin duda un poema épico que relata las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar y que es un texto fuera de los límites de la lírica establecida por la literatura actual, podemos decir entonces que ¿el parámetro de la literatura corresponde a la época donde se produce?
Es así como El libro centroamericano de los muertos está alejado de la lírica y entrega un conjunto de relatos y experiencias de migrantes centroamericanos en su paso por México antes de querer llegar a los Estados Unidos.
Estamos frente a una bitácora de un conjunto de voces literarias que evocan una posibilidad de lo que viven los centroamericanos en México en la búsqueda del sueño americano. Aquí es importante precisar que no es un retrato de la realidad. La literatura no puede hacer tal cosa. Manriques en su reseña lo escribe de la siguiente forma: “La poesía es un intento por trazar una figura del mundo, es forma y tiempo, espacio y cromaticidad, crea objetos de configuración cambiante. No crea realidades, pero sí las fabula”.
Balam entrega como título en algunos poemas las coordenadas dentro del sureste de México; otros títulos a modo de lenguaje periodístico; y unos donde hace referencia a la obra de Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias. De hecho, el autor comienza el poemario con una nota donde explica que “el subtítulo y el epígrafe inicial, como los subtítulos y epígrafes” son tomados de esta relación. Así mismo, el autor hace intervenciones a manera de palimpsesto y respeta la sintaxis, ortografía y gramática de aquella época (S. XVI).
Es, a mi parecer, un poemario documental que logra relatar voces poéticas de manera intima y que al mismo tiempo se traspasan a un plano general de la, vuelvo a repetir, posibilidad una forma “realidad” fabulada.
Esta entrega literaria no es para nada un artificio de aquella poesía “comprometida” que es una máscara que sirve para la ovación del autor por tocar temas sociales. Manriques lo menciona: “no es como aquellas seudocreaciones de novelistas y poetas oportunistas que se sirvieron del conflicto de Ayotzinapa para aumentar su popularidad, para dar la impresión de un ‘compromiso social’”.
El libro centroamericano de los muertos tiene, por mucho, un sentido sincero. La sinceridad de querer relatar hechos de manera literaria que toca lo más profundo del ser: el dolor humano, y solo eso.
